Mucho antes de que la post-modernidad diera cumplida cuenta de la
modernidad, los genios, con su arte, manifestaban el desengaño que proporcionaba el progreso, el desengaño de todo ese sentido que se imponía a pasos agigantados en todas las esferas de la vida del hombre, en definitiva, el desengaño del progreso. El romanticismo, como bien sabemos, después de 20 siglos de continuo vaciamiento de la vida, de la continua cosificación del propio hombre, y en un último intento de salvar algo, algunas migajas, a través del subjetivismo que lo caracteriza trató de rellenar toda creación de sentimiento profundamente humano. Pero era ya una batalla perdida. Beethoven, con su peculiar manera de ser, mostraba la impotencia.
La razón de tu misterio Se manifiesta en tu rostro, Seco, oscuro... Con esa mirada Que todo lo huye Que todo lo... Mata. Y no es mejor Que, sigilosamente, Me abandones. Dejes pasar la brisa Entre nuestros corazones Para así recuperar El fresco sabor De tus ilusiones. Pero mi barco se hunde, Entre tu rostro, Seco, oscuro...
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