¿Cabe referir la armonía en el ámbito de otras artes que no sea la música? Ciertamente, hay que distinguir varios usos de este término que, en el ámbito de la música, a adquirido un carácter muy restrictivo: el que hace referencia al estudio de la percepción del sonido en forma «vertical» o «simultánea» que se lleva a cabo mediante los acordes. Así, la armonía se refiere a una técnica, a un instrumento mediante el cual podemos organizar, articular, los sonidos. Implica un conjunto de reglas objetivas que explican el qué y cómo de los acordes. Queda al margen el posible estudio de las posibles relaciones entre otras objetivaciones de la música, sobre todo el ritmo, el timbre. Pienso, que la música se ha apropiado de la palabra armonía para designar a una técnica, un instrumento, un modo de organizar los materiales estrictamente musicales. En este sentido, la armonía no tiene relación con la pintura, ni con la escultura, ni con ninguna de las artes, por lo específicamente musical...
Comentarios
en la conclusión de su ensayo: «Quizá
pueda comparársele un tanto provocadoramente
con Mendelssohn, cuyo
uso consciente de su prodigioso talento
era escribir música que afirmara
una serie de valores éticos y espirituales.
Mendelssohn cultivó la accesibilidad
y la franqueza y al hacerlo así se granjeó el afecto de las clases medias
educadas de Europa y América en el
siglo XIX. A finales del siglo XX y comienzos
del siglo XXI Shostakovich
atrae, con la franqueza y la accesibilidad
mendelssohnianas, a los hastiados,
si es que no cínicos, sucesores de los
oyentes del siglo XIX, a un público que
ya no encuentra razonables las expectativas
utópicas incondicionales. Si
reaccionamos ante Shostakovich como
algo más intenso, personal y profundo
es porque en nuestro tiempo parece
difícil hacer acopio de la capacidad
para el optimismo, la generosidad, la
tolerancia y la confianza que Mendelssohn
tenía tanto interés en profundizar
por medio de la experiencia de la
música. Puede que por eso prefiramos,
por tanto, subordinar o despolitizar la
fuerza y la franqueza de la brillantez
afirmativa en la música de Shostakovich
» (p. 378).*