Hablábamos
sobre el juego
en el contexto de la obra de arte. Lo que nos diferencia de la
animalidad, y por extensión, todo el mundo natural, es nuestro nivel
de reflexibidad. Somos seres pensantes y ello nos obliga a tomar
decisiones sobre el camino que queremos tomar. Si en los animales
este “a dónde” ya está determinado en su propia “genética”,
en el hombre ese “a dónde” tiene que ser pensado. Es por ello
que cualquier actividad humana, no sólo la del trabajo, venga
aparejada de una especie de plusvalía. Ciertamente, no sólo
trabajamos para mantenernos vivos, en el sentido de obtener alimento
y el resguardo necesario contra la climatología adversa y los
depredadores, sino que hay un algo más, algo que dignifica al
hombre, un direccionalidad, un rumbo, un fin. En términos éticos,
esa dirección sólo puede alcanzarse por medio de la virtud. Lo
contrario de esta, el vicio, consistiría en obviar la imperiosa
necesidad de tomar partido, en definitiva, el encanallamiento.
La razón de tu misterio Se manifiesta en tu rostro, Seco, oscuro... Con esa mirada Que todo lo huye Que todo lo... Mata. Y no es mejor Que, sigilosamente, Me abandones. Dejes pasar la brisa Entre nuestros corazones Para así recuperar El fresco sabor De tus ilusiones. Pero mi barco se hunde, Entre tu rostro, Seco, oscuro...
Comentarios