Como dice mi amigo Antonio, uno ya no sabe en que bando está, si con los indios, si con los americanos. Ni unos ni otros parecen merecer esa otrora simpatía o empática condescendencia. Y es que en la actualidad, la crisis de la representatividad ha llegado a cotas antes insospechadas: ni el dinero representa la riqueza, ni los políticos a sus votantes, y que decir del arte, ¡ah el arte!, ni la obra de arte representa ninguna realidad. Pero, lo que son las cosas, cuanto más se afana la realidad en mostrar que esa representatividad es un vulgar muñeco de paja, vacío, mera apariencia, el periodismo sigue "dale que te dale" con lo mismo: que si los representantes de esto dicen, que si las personalidades de aquello nos aconsejan. Hoy son los representantes de la cultura los que nos piden que secundemos la huelga. Bien. Se me puede reprochar que es el propio diario el que incorpora ese sesgo, vamos, la muletilla de "los representantes de la cultura", y que vete tú a saber si el propio individuo que aparece en la foto actúa por su cuenta y no creyéndose representar a nadie. Pero me temo que no es así, y bien que me gustaría no tener razón. Por eso, en mi particular homenaje a D. Agustín García Calvo, enlazo un artículo suyo, Intelektuales, que viene que ni pintado a pesar de los escasos 20 años de distancia temporal. Sí, eran los tiempos de los grandes festejos, como le gusta decir a Naredo.
La razón de tu misterio Se manifiesta en tu rostro, Seco, oscuro... Con esa mirada Que todo lo huye Que todo lo... Mata. Y no es mejor Que, sigilosamente, Me abandones. Dejes pasar la brisa Entre nuestros corazones Para así recuperar El fresco sabor De tus ilusiones. Pero mi barco se hunde, Entre tu rostro, Seco, oscuro...

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