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Momento de verdad... 2


¿Qué es un momento de verdad? Aquel en el que una persona se ve obligado a tomar una decisión crucial, o sea, romper con todo lo anterior o abandonarse al poder que trata de ponerle unos grilletes. El momento de verdad es el lugar donde uno mismo se juega su dignidad: o todo o nada. La primera opción exige la disciplina y el sufrimiento del que tiene que construir en un medio incierto, donde no hay ley y él mismo se la debe de imponer para poder sobrevivir. Con la segunda opción el hombre sucumbe a las leyes de otros, a las leyes escritas, es por ello que la disciplina es una simple sumisión, un dejarse llevar.

El momento de verdad aflora cuando los esquemas que organizan nuestra vida pierden su funcionalidad, dejan de ser una estructura sólida donde poder articular los diferentes modos de relacionarse con la realidad. Es en esos momentos, en los que la estructura pierde la solidez necesaria, y los diferentes modos reclaman una seguridad estructural, que no es más que su propio lugar en el edificio de la realidad, cuando se nos insta a tomar una decisiones cruciales: articular un nuevo edificio o seguir con el mismo, eso sí, con unas pequeñas mejoras.

Esa pérdida de funcionalidad de los esquemas que articulan nuestra vida actúan en todos los niveles. Por ejemplo, el esquema típico de una discusión racional se resume de la siguiente forma: una idea, hipótesis, se pone encima de la mesa y los diferentes intervinientes en la discusión van aportando razones, unas a favor, otras en contra. El objetivo de esa discusión es el de ver que razones son más idóneas y cuales menos. Es usual que haya un tribunal, ya popular, ya de expertos en los asuntos a tratar, que valorarán la idoneidad de cada uno de los argumentos. En este sentido, una discusión racional se convierte en un juego, una sencilla batalla con espadas de cartón, en la que se da rienda suelta a la autoestima de los paladines, sobre todo a la del vencedor.

Este modelo se articula necesariamente sobre una premisa: dos no juegan si uno no quiere. Esto es decisivo hoy en día en nuestra democracia, y desde ahí donde debemos partir cuando los intelektuales insisten en que participemos activamente en la vida pública, en lo debates, que hagamos, en definitiva, un uso público de la razón. No hay democracia sino hay personas que actúen a partir de este esquema formal, si no hay duelo agonístico entre unos contrincantes. No hay que insistir mucho en esto, los diferentes deportes, encumbrados en esa apoteosis Olímpica, son sólo ejemplos concretos de esa estructura que se nos impone, que da sentido al mundo que nos rodea.

Pero, ¿qué nos aporta el esquema formal? Seguridad, la seguridad del que cree tener todo controlado, o cuanto menos, la creencia de que otros controlan las cosas por nosotros. De ahí el dicho más vale malo conocido que bueno por conocer, prefiero tener a fulanito en el equipo contrario, que por el hecho de estar en el equipo contrario ya está asumiendo unas reglas que, en definitiva, compartimos. Esto se vio muy claro a raíz de esa 7ª Sinfonía “Leningrado” de Dimitri Shostakovich. Tanto Occidente como la URSS, desde posiciones agonísticas, la interpretaron de la misma manera, como la lucha contra el enemigo. Evidentemente, cada uno tenía su enemigo. Pero, ¿pensaba lo mismo Shostakovich de su obra?

Desde el punto de vista psicológico, este tipo de esquema formal desplaza el verdadero lugar para la libertad, que no es más que la decisión, la toma de partido, la eleccción. Esto ya nos lo contaba Nietzsche cuando se refería al hombre democrático como un ser reactivo. El demócrata reacciona ante lo que le viene encima, nunca actúa por sí mismo. Pero para que ese posponer no queda ahí desnudo es necesario la típica verborrea del debate racional, con las vertiginosas idas y venidas de las razones de unos y de otros.

Que la reacción sea tan considerada es por su carácter causal. De siempre eso ha dado seguridad al hombre, le ha dotado de la autoestima suficiente para enfrentarse a los quehaceres de la vida. La acción no supone causalidad, sino instinto, conquista, necesidad de alimento... en definitiva, libertad.

Pero que este esquema estructural sea el hegemónico no quiere decir que sea el único. Este esquema no termina subsumir de una manera “pacífica” lo diferentes modos de relacionarse con la realidad. Es en esas tensiones, en esas grietas, donde surge el momento de verdad y brinda la oportunidad de poder crear nuevas estructuras que consigan hacer coexistir otras formas, otras interpretaciones...

Comentarios

José Osvaldo Fernández ha dicho que…
Visto así, yo estoy ahora mismo en un momento verdad de mi existencia. Eso sí, el enésimo.

Muy interesante tu reflexión.
rafaballes ha dicho que…
En la vida global que nos ha tocado vivir lo raro sería no encontrarse con ningún momentos de esos...

Gracias José Olvaldo por tu compañía, aunque sea por la red cibernética.

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