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Carta a un amigo... 1



Querido amigo:


Supongo que te acordarás de estas declaraciones. Y es que lo políticamente incorrecto sigue dando mucho que hablar. Cuando se producen este tipo de declaraciones uno suele tener una sensación ambivalente. Por un lado, si no mantienes cierta ceguera intelectual, llegas a comprobar que todo lo dicho por esa mujer es una verdad como la copa de un pino. Efectivamente, desde el punto de vista empresarial, tanto una preñada como un inculto parado son elementos que distorsionan el funcionamiento de cualquier maquinaria que se digne a considerar productiva. Por eso el humanismo ilustrado, que pretendía salvar la deshumanización que traía consigo el desarrollo del capitalismo, trató de instaurar unos mecanismos eficaces, concretos, a base de leyes que defendieran los derechos de los más vulnerables del sistema. Estos mecanismos, por supuesto, poco a poco se fueron imponiendo no sin unas buenas dosis de sudor y lágrimas, pero eso ya es otro tema.

Hoy en día, cuando el sistema capitalista parece demostrar, contra la ceguera de algunos, que de la misma manera que se posiciona como el sistema económico más productivo de todos los habidos y por haber -y que conste que toda esa producción es por y para el bienestar de ciudadano de a pie-, por otro lado muestra que esa euforia va pareja a un aumento de la miseria y de la más aberrante deshumanización. Es lo que en una “entrada sesuda” venía a resumirlo en el antagonismo entre lo plebeyo ascendente –el que la gente pueda dar rienda suelta a sus cada vez más variadas disposiciones, por muy variopintas que sean- y lo aristocrático descendente –la necesidad de unas cada vez mayores legalidades para posibilitar lo anterior. No es, por tanto, fácil descubrir en qué consiste la trampa. Sólo se trata de ver que, conforme conseguimos más autonomía, se inicia un crecimiento directamente proporcional de la heteronomía.

Es normal, que llegado el momento, entre tanta autonomía, por un lado, y tanta heteronomía, por otro, la vida se convierta en un “sin Dios” y salgan a relucir todo tipo de contradicciones, como la que he iniciado esta misiva. Lo malo de todo esto es que, como siempre, y como método que siempre se ha utilizado con fina sutileza, y no tan fina en algunos casos, siempre pagan los mismos -¡tú mujer, a la casa!, ¡y tú parado inculto, haber estudiado como todo el mundo! Tú ya sabes, amigo, las nauseas que me produce el aplicar recetas ético-morales a problemas ontológicos. Cuando lo que falla es una realidad ontológica, lo que hay, o sea, el sistema capitalista y todas sus secuelas en todos los ámbitos de la vida del hombre, no es posible salvar esa realidad a partir de una ética que pertenece, de suyo, a esa misma realidad. Quiero decir, que la misma ética está afectada del mismo problema. Los problemas ontológicos se solucionan con una nueva ontología, con una nueva realidad. Por eso te vengo contando que hay que posicionarse. Hablamos de trincheras y barricadas.

Comentarios

José Osvaldo Fernández ha dicho que…
El posicionamiento no deja de ser otra cosa que una obligación moral. Imperiosamente necesaria para mantener ciertos tintes humanistas, ante la autodestrucción de la raza por la vía capitalista.
rafaballes ha dicho que…
Efectivamente, estamos obligados a tomar decisiones, decisiones que nos transcienden, que van más allá del lugar que, como individuos concretos, ocupamos. Gracias por tus palabras.

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