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En torno a... "Cry Baby" de John Waters


En torno a... “Cry Baby” de John Waters
Una historia de la América de los años 50, de los rebeldes 50'. Por aquellos años fue tendencia las películas sobre delincuentes juveniles. Quizás la más destacada fue Rebelde sin causa. La justificación de esta moda puede atribuirse a los cambios sociales que se estaban produciendo en aquellos años justo después de la segunda guerra mundial. Por esa época parece vivirse con especial intensidad la lucha entre dos diferentes modos de entender las relaciones con el Otro. Por un lado, la tradicional, de carácter conservador, basada en creencias religiosas o valores tradicionales y con unas normas muy “clasistas”, y por otro, la liberal, más moderna, que emerge sobre esta y que se siente atrapada, confiscada, por unas normas obsoletas que impiden el movimiento creativo del propio sujeto. El argumento es bien sencillo, los conflictos entre dos clases que luchan por la hegemonía.

Pero, ¿por qué esa misma temática en los años 90'? Aquí nos vemos tentados a parafrasear a Marx, lo que tuvo lugar como tragedia se repite como farsa. No es casual que Cry Baby sea eso, una parodia de las películas de delincuentes juveniles de los años 50'. De hecho, según cuenta wikipedia (Cry Baby, consultado el 27/11/2015) el propio protagonista, un jovencito Jhonny Depp, cogió el papel para “burlarse de la histeria que sus jóvenes admiradoras le tenían...”. Pero más allá de estos detalles, el carácter paródico de esta película presupone que los arrebatos románticos de los años 50' ya han sido, en los 90', felizmente domesticados, o hablando en términos ideológicos, toda la lucha de clases que se libró por aquella época ha terminado siendo reducida a la más mínima expresión. Veamos con un poco más detalle todo esto.

Desde el punto de vista narrativo, la película cuenta la historia de un joven rebelde (Cry Baby) y una chica “bien” que se enamoran a través de un encuentro casual. Esa chica tiene novio, un novio que pertenece a los de su clase, a la clase tradicional americana, con sus valores asentados y claros. Los dos personajes principales, pues, pertenecen a clases diferentes, con todo lo que eso implica. Hablamos de la típica historia de amor. Una chica conoce de manos de un chico la libertad, es atraída por ese encanto, pero se encuentra atada en su mundo. No soporta a su novio, que es soso, insulso, racional, y que, para colmo, canta una música insoportablemente armónica. El novio, despechado, trata de poner trampas a los dos amantes (escena de la moto), pero lo único que consigue es que la chica abandone la seguridad de su mundo y se sumerja en el mundo “infernal” de su amante. Finalmente, todo sucede como tiene que ser: aunque el novio tiene que hacer todo lo posible para no perder a su prometida, el final es que la pierde definitivamente.

Podemos sugerir que, en este nivel narrativo, lo que esa nueva clase marginal representa es el “sueño americano” que es obstaculizado, retenido, por la visión clasista e ideológica de la tradición americana. Más aún, en estos años 50, justo después de la segunda guerra mundial, y ya hablamos de un contexto global en el que EEUU se ha impuesto como país hegemónico en todo el mundo, en estos años 50, decía, América se ve obligada a dar cabida, a asumir al Otro, es decir, EEUU debe incorporar la pluralidad de las culturas que existen en el mundo, y eso no es tarea fácil.

Por tanto, en los años 50', América ve la necesidad de ofrecer una nueva cara. No puede presentarse al mundo como una sociedad clasista. Y serán los jóvenes, los nuevos jóvenes americanos, inconformistas, los que intenten escapar de esa sociedad opresora. Si somos un poco quisquillosos, por debajo de estos jóvenes estaría el joven empresario que arriesga, que se enfrenta a un nuevo mundo global, que sea capaz de adaptarse a nuevos contextos, a los nuevos negocios. Así, debajo del rebelde no hay más que el nuevo sujeto neoliberal, un empresario capaz de todo en un medio que no es el suyo, en definitiva, un yuppie. Pero daremos un paso más.

Como hemos dicho antes, todo esta transformación se vivió de manera trágica en los años 50' en América. Incluso Europa tuvo esas fiebres, y cómo no, el mayo francés del 68 representa más que nada este tipo de rebelión post-moderna. En los años 90', por tanto, si se vuelve a este tipo de cuestiones, es ya con una mirada cómica por la sencilla razón de que esa transición ya ha sido superada. No hay tragedia. En los años 90' parece consumarse la profecía lacaniana: “como histéricas demandáis un nuevo amo... lo tendréis”.

En este punto volvemos a la película. Pero, ¿cómo actúa lo cómico? El objetivo de la comedia, en líneas generales, es devaluar las pretensiones de grandilocuencia de toda tragedia, es decir, ver que el rebelde no es tan rebelde como nos lo pintan, o en términos de la nueva clase hegemónica, que el nuevo empresario “neocon” no es tan genial y fabuloso. Pero, si a primera vista ese rebelde se presenta como lo más desagradable, enojoso, irritante, repulsivo, asqueroso, odioso, entonces, ¿cómo puede llamar la atención?

Aquí debemos distinguir dos niveles de lectura: el nivel de actualización, el externo o narrativo, que se lee a simple vista y es el que habíamos utilizado antes a la hora de describir el argumento de la película, y el nivel de potenciación, el virtual, el oculto, el que sólo es descubierto a través de cierto análisis de los fenómenos. Y es ese nivel de potenciación el que nos interesa. Lo que parece decirnos ese nivel inferior es que esos que hoy parecen modernos, libres, etc... representan la peor cara del mundo tradicional, la familia (desestructurada), la madre (viciosa), los hijos (de puta), mientras que los que parecen tradicionales, los pijos, son en realidad los más duros, los más malvados, los que tienen comportamientos de banda callejera (sin duda la escena de la motos es sintomática). Podemos insinuar, por tanto, que la crítica de Waters a las películas gamberras de los años 50 se realiza a través de este desplazamiento, caracterizando el “ambiente familiar” a través de los adjetivos más depravados (Cry Baby tiene una familia moderna), mientras que el ambiente de “pandilleo” es caracterizado con los valores tradicionales de los buenos. ¿No podemos encontrar una crítica a la realidad de la familia actual? Lo que Waters parece dar por hecho, ya en los años 90', es que la transformación de la sociedad ha sido inevitable, y que las familias actuales, fruto del sueño americano, tienen ese aspecto nauseabundo de la pandilla de Cry Baby, mientras que las comunidades orgánicas, precisamente en las que suelen sumergirse los adolescentes discriminados, negros, etc... son las malas. Cry Baby, por tanto, es un personaje (como su lágrima indica) sabrosamente reaccionario.

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