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LIBRE ALBEDRÍO (1)


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Partimos de la premisa de que la realidad está marcada por una contradicción fundamental. Esto significa que la realidad es “no toda”, que no puede ser totalizada, no porque seamos incapaces, nosotros seres finitos e imperfectos, de encontrar o descubrir sus leyes últimas (por cierto, qué sería entonces de nuestro libre albedrío si conocemos esas leyes y nuestra libertad se reduce al ser enteramente conscientes y consecuentes del camino que nos espera en nuestro quehacer), sino porque la propia realidad es parcial, quebrada. Pero, a pesar de que, desde el punto de vista ontológico, la realidad está atravesada por la espada, en definitiva, está herida, la totalización es posible en la medida que ella misma, la realidad me refiero, cierra la herida, la oculta, y ese cerramiento se produce de manera inmanente, es decir,  es la propia contradicción la que genera su propia totalización. Es el prefijo “auto-“ el que pone nombre a esa capacidad de actuar por sí mismo en sus diferentes niveles o estratos de intervención: automático (mundo inorgánico), autopoiético (mundo orgánico), autónomo (mundo animal) o autotélico (mundo humano).

Por tanto, la totalidad no es previa a la caída, sino todo lo contrario, es posterior. No hay un paraíso previo al pecado, la realidad es ya el pecado, y es por ello que Dios queda libre de la responsabilidad de lo que sucede en el mundo.  La caída del hombre no es más que la caída de la realidad, la contradicción fundamental.

Exacto, como sin duda estarás deduciendo, la anomalía es sistemática y por eso crea fluctuaciones hasta en las ecuaciones más simplistas- MATRIX

La crisis, cualquier crisis, no es más que el momento en el que la totalidad que oculta, en un instante dado, la contradicción fundamental ha dejado de ser efectiva. La crisis conlleva resquebrajamiento, ruptura, pero no deberíamos considerar esta emergente contradicción con la contradicción fundamental. La ruptura de la totalidad es la ruptura del espejo en el que la contradicción fundamental, la realidad, trata de curar su herida. El problema ya no es volver a unir esos pedacitos de espejo que van quedando desperdigados después de cada crisis, si no el volver a poner un nuevo espejo, una nueva totalidad que cure de nuevo la herida.

Así pues, el libre albedrío sería precisamente eso, la capacidad de toda realidad en sus diferentes estratos o niveles, automático, autopoiético, autónomo o autotélico, de generar una nueva totalidad que restaure el orden.

Comentarios

José Osvaldo Fernández ha dicho que…
Gracias por volver a las andadas,buen amigo.

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