Ir al contenido principal

En torno a... "La filosofía de la nueva música" de Th. W. Adorno... 4


4. Variación II

Lo que la música radical conoce es el dolor no transfigurado del hombre.

Th. W. Adorno

No situamos de lleno en la relación entre el sujeto moderno y la sociedad industrial. Debido a que, como hemos visto, la relación es cada vez más contradictoria, o sea, el alejamiento entre los momentos heterónomos y autónomos es cada vez más exacerbado, el reflejo de semejante situación parece que no puede ser otro que el de la soledad del individuo representada por su angustia. A este tipo de dialéctica exacerbada le llama Adorno “dialéctica de la soledad”. El sujeto se siente alejado de los dos polos; por un lado, el polo homogéneo, representado por la “gran masa”, sumergida en el mundo de los “mass media” y cada vez más dividida -¿diluida?- en torno a los “procedimientos basados en la división del trabajo”; por otro lado, el polo heterogéneo, representado por las relaciones de producción capitalistas. Hay que tener en cuenta que ese sujeto desacoplado, utilizando la terminología de Jordi Claramonte, es un sujeto con la suficiente fuerza ontológica y capacidad para poner en cuestión el sistema, aunque sea a través de la angustia (una angustia impotente, todo hay que decirlo), al contrario que los personajes de los western, que lo hacían a tiros. Por lo demás, ese sujeto representa a los antiguos modos de producción, en el caso de la música, toda la tradición clásico-romántica. Y precisamente es la figura del genio creador la que aparece ahora en Schönberg, en cierto modo, acosada, rodeada, desacoplada1.


En cualquier caso, el héroe expresionista supone, en nuestra opinión, un paso más en el grado de desacoplamiento. Si bien el Clint Eastwood de Sin Perdón, un buen ejemplo de desacoplado para Claramonte, era todavía capaz de reconocer quienes eran los oprimidos y quienes los opresores, y por ello toma partido activamente por los primeros, es decir, que todavía es capaz de mantener un código o coordenadas éticas mínimas, el héroe expresionista, y de ahí su angustia, ya no participa de ese régimen ético mínimo, de esa posibilidad de encuentro con el otro, ya sea el eslabón más débil o lo más granado de la sociedad. El héroe expresionista, según Adorno, “se tiene por demasiado bueno para ver a los obreros, piensa que la amenaza viene de éstos y no de ese todo que los ha separado a él y los obreros”. Y podríamos añadir nosotros que, de acuerdo con la dialéctica de la soledad, se tiene por demasiado incapaz de enfrentarse a las relaciones sociales de producción. Es por ello que Adorno termine sentenciando: “el impotente se aviene a su impotencia e inflige a los demás la injusticia que a él se le aflige”2.

Para Adorno, este tipo de soledad, de desacoplamiento, adquiere estatuto universal: “el expresionista descubre la soledad como universalidad”3, y lo que es lo mismo, ésta se convierte en la forma misma, en lo que ya ha dicho mucho antes, en contenido sedimentado. Con ello, si bien la obra expresionista obra en contra de la obra de arte cerrada, orgánica, de la tradición clásico-romántica, termina siendo obra de arte orgánica, cerrada y, como tal, dice Adorno, “representa a la verdad de la sociedad frente al individuo que reconoce su no verdad e incluso es esta no verdad”4.

¿Cómo tratará de resolver estas dificultades Schönberg, o sea, revertir ese nivel de impotencia?

1Es muy destacado el análisis que hace Adorno de una de las obras expresionista de Schönberg, el drama musical Die glückliche Hand, traducida como “La mano feliz” o ”La mano bendecida”. En esta obra, cuyo trama parece desarrollarse a partir de acontecimientos personales (sus problemas personales con su mujer y el hecho de que su música ya no era tan admirada como antes), el héroe no es más que un hombre solitario que “en el amor experimenta los mismos fracasos que en su trabajo”.
2Ibíd. Pág. 48.
3Ibíd. Pág. 49.
4Ibíd. Pág. 52.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Invención 12

La razón de tu misterio Se manifiesta en tu rostro, Seco, oscuro... Con esa mirada Que todo lo huye Que todo lo... Mata. Y no es mejor Que, sigilosamente, Me abandones. Dejes pasar la brisa Entre nuestros corazones Para así recuperar El fresco sabor De tus ilusiones. Pero mi barco se hunde, Entre tu rostro, Seco, oscuro...

Nacionalismo Musical: Isaac Albéniz, Enrique Granados y Manuel de Falla

La presente entrada trata sobre el nacionalismo musical español de principios del siglo XX, y más concretamente, sobre la obra de Isaac Albéniz, Enrique Granados   y Manuel de Falla. Nos acercaremos a ellos desde el punto de vista estético-filosófico, desde el cual expondremos los elementos o momentos sobre los cuales se articularía su nacionalismo musical. El primer momento tiene un carácter objetivo.   El compositor toma consciencia de cuáles son los materiales que va a utilizar en su obra. En este sentido, el nacionalismo musical español toma como fuente las melodías, ritmos y armonías típicas de su cultura. En algunos casos, esa consciencia llega de la mano de una recopilación exhaustiva de materiales de la música patria popular, y en otros, menos comprometidos en cierto modo, lo resuelven con una simple cita de algún elemento material y la consiguiente adaptación a los medios o procedimientos interpretativos hegemónicos del periodo. Este momento tiene un carácter ...

Sobre la armonía... 1

¿Cabe referir la armonía en el ámbito de otras artes que no sea la música? Ciertamente, hay que distinguir varios usos de este término que, en el ámbito de la música, a adquirido un carácter muy restrictivo:  el que hace referencia al estudio de la percepción del sonido en forma «vertical» o «simultánea» que se lleva a cabo mediante los acordes. Así, la armonía se refiere a una técnica, a un instrumento mediante el cual podemos organizar, articular, los sonidos. Implica un conjunto de reglas objetivas que explican el qué y cómo de los acordes. Queda al margen el posible estudio de las posibles relaciones entre otras objetivaciones de la música, sobre todo el ritmo, el timbre. Pienso, que la música se ha apropiado de la palabra armonía para designar a una técnica, un instrumento, un modo de organizar los materiales estrictamente musicales. En este sentido, la armonía no tiene relación con la pintura, ni con la escultura, ni con ninguna de las artes, por lo específicamente musical...