Cuenta Terry Eagletton que la estética como disciplina nació con el afán, o la necesidad, de salvar el insalvable abismo entre la razón como ente inmaterial y la vulgar materialidad de la vida cotidiana. Este hecho se hace notablemente evidente en los tiempos de crisis que, los más avispados, no dudan en catalogar como faltos de valores o de anemia espiritual. La necesidad de una estética, pues, se hace necesaria en el sentido de una nueva razón que determine qué es lo bello y qué es lo feo, y que ello sea por naturaleza. Porque, dígame leoctor, si libertad, democracia, autodeterminación, soberanía... y otras zarandajas, ¿no han perdido ese aire majestuoso de otros tiempos, como le pasó al minuetto, o al bodegón...?
La razón de tu misterio Se manifiesta en tu rostro, Seco, oscuro... Con esa mirada Que todo lo huye Que todo lo... Mata. Y no es mejor Que, sigilosamente, Me abandones. Dejes pasar la brisa Entre nuestros corazones Para así recuperar El fresco sabor De tus ilusiones. Pero mi barco se hunde, Entre tu rostro, Seco, oscuro...
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