jueves, 13 de octubre de 2011

Sobre el realismo en el arte... 8

"Todas las obras de arte, y el arte en su conjunto, son enigmas; esto ha irritado desde antiguo a la teoría del arte. Que las obras de arte digan algo y al mismo tiempo lo oculten es el carácter enigmático desde el punto de vista del lenguaje. (...) El carácter enigmático del arte no es lo mismo que comprender sus obras, es decir, que volver a producirlas objetivamente, en la experiencia desde dentro, (...). Quien comprende las obras de arte mediante la inmanencia de la consciencia en ellas no las comprende, y cuanta más comprensión hay, tanto más intenso es el sentimiento de su insuficiencia, de su cegera en el hechizo del arte, al que se opone el contenido de verdad del arte".

Th. W. Adorno
Teoría Estética
Akal, 2004, pgs.165-166

Es posible considerar que el enigma que nos plantea la obra de arte no sea más que una invitación al diálogo, a la conversación amena. Enigmático fue el canto llano o gregoriano, esa especie de comunión con Dios. Enigmática fue esa vuelta al hombre que significó la polifonía renacentista, apoteosis de la diferencia guiada, dirigida. Incluso enigmática fue la razón del siglo XVII con ese arte humano y sus afectos añadidos, la ira, el odio y la alegría humanas. ¿No es enigmática la conversación amable, o a veces locuaz, entre los miembros de un cuarteto de cuerda clásico? En cierto modo, el enigma se mueve entre lo uno y lo múltiple, entre lo igual y lo diferente, entre Dios y el mundo vivido. La eterna discusión del hombre.

Con el romanticismo parece romperse ese interés por compartir no solo lo que nos une, ya sea Dios o nuestros afectos terrenales, sino también lo que nos diferencia. En este sentido, el romanticismo supone la apoteosis del sujeto libre y único. Este ensalzamiento, ese excesivo énfasis en uno mismo, debilita el propio diálogo entre iguales. El enigma de la obra de arte pasa ahora a entenderse como una simple comprensión de la obra, como algo que resolver, como un juego matemático. El enigma se convierte en algo cosificado, independiente, pero eso sí, propiedad de su amo.

A esto que nacen los eruditos, los expertos en arte, cuya única función, no nos engañemos, es la de tasar, poner precio a las obras de arte. Vendedores a sueldo, ni más ni menos.

1 comentarios:

Antonio José Alcalá dijo...

Leo con calma acá. Algo de esto hay en un texto que deseo comentar de Saint-Exupéry. Ignoro cuándo lo haré, pero lo tengo en cartera, junto con otro texto de un señor que me envía artículos a mi blog y que esta vez lleva por título "el valor del arte. roger scruton". Ya te digo. Acabo de mirar mi blog y me has dejado un comentario... Ahora lo leo. Un abrazo.