Asumiendo la incompletud del ser humano nos adentramos en el mundo de lo sagrado. Éste designa esa parte de la realidad en la que se inscribe cualquier fenómeno artístico y todas las objetividades que lleva consigo. En lo sagrado se descubre la intencionalidad del artista en referencia a unos determinados objetos, personas o actos. Pero a su vez, ese ámbito de la realidad, no se identifica con ningún objeto, material o acción de manera fácil. En este sentido, la obra artística, lejos de remitirnos a lo concreto, ya sea objeto o idea, nos adentra en una atmósfera, un horizonte de significación, de sentido, en el cual se sitúa el hombre necesariamente.
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