martes 13 de diciembre de 2011

En torno a... Ensayo de orquesta de Fellini

Clarinete "Toscanini"
Como parábola ética y civil, hablamos de una gustosa y gráfica alegoría de  la sociedad y la política italiana de los años 70, esta película es una invitación a repensar la idea de democracia en el actual contexto de anomia en el que estamos inmersos.  No es difícil trazar el horizonte de sentido que une, o en el que están inmersos el estado y la orquesta, por supuesto, a ambos términos se les puede aplicar el mismo adjetivo, el de modernos.

En este sentido, ciudadano y músico remiten al mismo sujeto incompleto, necesitado del otro, de lo otro. Hablamos de  la misma necesidad de la que hablaba Julián Marías en su Breve tratado de la ilusión: "La indigencia humana no cesa nunca, su menesterosidad no se extingue con la presencia, el logro, el goce, la posesión, con todas las formas de consecución o realización que puedan imaginarse. En la medida en que las necesidades son auténticamente personales, son inextinguibles, perdurables, están penetradas de duración ilimitada" (Alianza Editorial, p.54). Una y otra vez esa necesidad sale a escena, de diferentes modos, y pone a prueba a cada uno de los músicos, que  se ven en la obligación de agenciarla, aun a sabiendas que no existe la resolución completa, peor aún, siempre es parcial, voluble, efímera. El músico necesita de su instrumento, al que tiene que dedicar su tiempo, horas y horas de convivencia silenciosa; el músico necesita del otro músico en esa búsqueda de la excelencia, ¡ah! el alma de la orquesta: violines, violonchelos, o en la búsqueda de la diferencia, orgullosos de sí, de su peculiaridad, de su idiosincrasia.

Ya no son las cosas como antes...
La pérdida de ese horizonte de necesidad lleva consigo el caos, la fragmentación. El director pasa a ser un vulgar gestor: esto no es más que una oficina- dice más o menos. El director/tecnócrata, ¿te suena? Todo lo demás viene corrido.

Ante esta situación de desconcierto puede producirse una cierta melancolía, añoranza de cualquier tiempo pasado fue mejor.  En el otro extremo, podemos  radicalizarnos obcecadamente,  romper con todo para comenzar de nuevo, todo ha sido un mal sueño, una pesadilla. Ese comienzo justificaría las acciones más depravadas, incluso la muerte.

Nos ha salvado la música
Quedan, finalmente, las últimas palabras: nos ha salvado la música. Palabras de amplio alcance siempre que se inserten en ese horizonte de necesidad del que hablábamos antes, que no es más que la ilusión por hacer música, entendida esa ilusión  tal como nos propone Marías, como lado positivo de esa condición indigente o menesterosa del hombre.

Repensemos, pues, la democracia con este ensayo de orquesta.