No cabe duda de que el problema de todo nacionalismo gira en torno al problema de la identidad. Cuando hablamos de la construcción de la nación, la que sea, buscamos el elemento, o los elementos, que son capaces de sostener esa identidad más allá de las diferencias entre los sujetos y de las posibles variaciones explícitas de esos mismos elementos. Nos referimos a esos elementos como “protonacionalistas” 1 . No son más que criterios con los que se intenta basar la unidad de la nación, en los que incluimos, sin menoscabo de otros, la lengua, la etnicidad, la religión, la pertenencia a un imperio, etc. El prefijo “proto” ya nos remite a la idea de que esos elementos, en el momento en el que se viene a proceder a construir una nación, por desintegración o decadencia de la anterior conformación social -piénsese en Yugoslavia una vez que cayó el bloque comunista-, están en un estado “flotante”, a la espera de ser unidos, apropiados, articulados de nuevo, en una nueva conformación soc...